Un chico con una conducta claramente antisocial

Está sentado en un rincón, mal acomodado; es conciente deque nadie le presta atención. No es una película, lo sabe muy bien. A través del tiempo, algunas producciones, tanto fílmicas como sonoras,  han sabido ganarse algunos laureles exaltando la figura del hombre en descontento con el mundo; algunas han hecho un buentrabajo. Pero esa figura, en la vida real, no se alza sobre un pedestal; estafigura en particular, no siente ningún deseo de vivir. La vida en general parece haberlo decepcionado bastante. Lo suficiente como para no encontrar ya ningún atractivo en el paso absurdamente lento del tiempo. Los días, según él,no pueden ser considerados más que como una tortura de la que parece imposible escapar. La muerte es una opción, pero se considera un completo cobarde.

Ahondar en las causas de tan extremo estado mental sería caer en obviedades, además de vano. Las causas son muchas, todas importantes.Sin embargo, podemos escuchar, si nos acercamos lo suficiente, una o dos palabras espetadas en un lapso de tiempo considerable; al parecer maldice su suerte; parece lamentar el hecho de haber conocido a cierta persona. Considera, bastante acertadamente, que esa persona ejerce una influencia negativa en su vida; aun así, es incapaz de cortar la relación. Cualquiera diría que es un imbécil, pero sencillamente no puede hacerlo, ha caido bajo la influencia de un malhado, y todo cuanto intenta hacer por alejarse le desgarra el alma, acuchilla su espíritu; el cuerpo le tiembla de pies a cabeza e inmediatamente cae en un estado de semi-insensibilidad estúpida; los ojos le pesan y su cabeza retumba al son de mil tambores arcanos. Le arde terriblemente la piel; en ese momento desearía poder arrancarsela y huir despavorido. No puede dejar de pensar, no puede evitar los recuerdos, y sobre todo adviene una fuerte sensación de desarraigo, de no pertencer a nada ni nadie, de no importarle una mierda a absolutamente ninguna persona. El futuro, piensa él, tiene necesariamente que ser lo más parecido a un infierno. Y sin embargo continúa. ¿A qué debemos tan extraña actitud?

No podemos saberlo; él mismo no parece saberlo. Pero observamos que, al trazar una curva que pudiera marcar sus momentos felices através del tiempo, no todas fueron penas. Ha tenido momentos, etapas estables de tranquilidad o incluso breves momentos de felicidad. Conoció el amor; desde entonces  por momentos se sentía un ser completo, según su propia definición. Cuando la sensación se atenuaba, parecía prever lo que vendría. Sabe muy bien qué es lo que puede hacerlo feliz otra vez, pero ha comprobado que la fatalidad gobierna el destino de los hombres con manos de hierro. Si continúa vivo es porque una pizca de esperanza todavía late en su pecho encorvado; pero esta esperanza es tan ínfima, tan ridículamente patética, que a su existencia en este punto no se le puede llamar vida.

Un hombre debe aferrarse a algo. En este sentido, por lo que se sabe, no tiene elección; y a veces no puede elegir a qué aferrarse. Algunos hombres parecen fluctuar en su comportamiento durante el doloroso período de la adolescencia; a partir de entonces, siempre aparece un punto de inflexión un quiebre que no siempre existe; pero que puede marcar al ya no adolescente  de tal manera que parece quedar incapacitado, en ciertos aspectos, reacio a cualquier cosa que represente el más mínimo signo de bienestar, y una actitud así produce conflictos. Hay que velar por el alma humana; uno mismo debe velar por su alma desde el momento mismo en que ve la luz; es una tarea muy sutil y el alma (su estado emocional), una cosa muy frágil. Y, sobre todo, uno debe aprender a no depender de terceros.

Nuestro sujeto continúa sentado, en aparente equilibrio con todo lo que le rodea. ¿Por qué, entonces, afirmamos que su conducta resulta claramente autodestructiva? Es evidente que se ha dado por vencido. Se nota en su rostro casi inexpresivo, en su postura que sin duda debe resultar incómoda, en la forma en que se manda uno tras otro cigarrillos baratos sin preocuparse de las cenizas que puedan caer en cualquier parte de su cuerpo. Ese chico se acurruca ante la vida, en posición fetal, totalmente desarmado.

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